jueves, 18 de marzo de 2010

Ayacucho Huanta

Al presentarse la oportunidad de viajar, debemos estar preparados para sacarle el máximo provecho y más cuando ya se ha estado por la zona y con la experiencia se asegura el éxito de las tomas con buenos resultados.

Volando entre Ayacucho y Huanta, puedo ver lo agreste y la complejidad del terreno por el que se sobrevuela… ver caminos serpenteantes que se van abriendo paso en las escarpadas laderas de los montes y cerros que componen su accidentada geografía; así como la estrechez de sus valles que se van abriendo paso conforme discurre el río. El paisaje y los montes continuados obligaron a la ingeniería a modificarlos la ruta de la carretera para que el recorrido sea más rápido y placentero.

En las partes altas se observa el parcelamiento de los campos de cultivo donde las comunidades campesinas han de cosechar sus productos alimenticios. Las recientes precipitaciones fluviales permitieron que se recargue los niveles de los reservorios naturales en la zona.

Observo en el horizonte la imponente vista que ofrece la ciudad de Huanta desde diversos ángulos conforme el piloto va maniobrando en su emplazamiento a la zona del aterrizaje.

Conforme se desciende, las casas se hacen más pintorescas y las registro en su entorno, con sus vías y el paisaje.

Démonos un espacio al margen de la comisión dentro del poco tiempo disponible, para registrar los alrededores: su plaza principal, sus plazuelas, los locales públicos y su gente que transita por las inmediaciones.

Concluida la estancia en la ciudad, se emprende el vuelo de retorno, oportunidad que no desaprovecho para captar sectores por donde se emprende el vuelo y que más tarde logro descubrir los lugares donde se estuvo.

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